Una lista de espera no es solo un recuento de personas. El tiempo hasta la atención puede producir síntomas, pérdida de calidad de vida, consultas adicionales, bajas laborales y, en algunos casos, peores resultados clínicos. Medir ese coste permite comparar políticas para reducir demoras sin asumir que toda espera tiene el mismo impacto.
Qué significa «coste de esperar»
Hay al menos tres perspectivas:
- Sistema sanitario: visitas, urgencias, medicación, pruebas repetidas o mayor complejidad posterior.
- Paciente y familia: dolor, limitaciones, desplazamientos, cuidados y gasto de bolsillo.
- Sociedad: absentismo, menor productividad y cuidados informales.
Además está la pérdida de salud. Puede expresarse mediante días con síntomas, escalas clínicas o AVAC perdidos. No debe sumarse como euros salvo que se aplique explícitamente una valoración monetaria y se evite el doble conteo.
El contrafactual es la parte difícil
No basta con medir cuánto gastan quienes esperan. La pregunta es qué habría ocurrido con una espera menor. Un contrafactual puede ser:
- Atención en el plazo objetivo.
- Reducción de la demora media de 180 a 90 días.
- Priorización de un subgrupo clínico.
- Aumento temporal de capacidad.
El coste atribuible es la diferencia entre el recorrido observado y ese escenario alternativo. Sin comparador, cualquier empeoramiento ocurrido durante la espera puede atribuirse erróneamente a la demora.
Datos mínimos
Para cada proceso conviene conocer:
- Número de personas y nuevas entradas.
- Distribución del tiempo de espera, no solo la media.
- Prioridad clínica y gravedad inicial.
- Cambios de salud durante la espera.
- Recursos consumidos antes de la intervención.
- Cancelaciones, salidas y atención privada.
Los informes del Sistema de Información sobre Listas de Espera del SNS permiten describir volumen y tiempos, pero una evaluación económica suele necesitar datos clínicos y de uso de recursos más detallados.
Un ejemplo sencillo
Supongamos 1.000 pacientes pendientes de una intervención. Reducir la espera media en 90 días evita, por persona:
- 0,5 consultas adicionales a 80 euros.
- 30 euros de medicación.
- 0,01 AVAC de pérdida durante la espera.
El ahorro sanitario estimado sería (0,5 × 80 + 30) × 1.000 = 70.000 euros. La salud recuperada sería 10 AVAC.
Si la ampliación de capacidad cuesta 300.000 euros, su coste neto sanitario es 230.000. La ratio aproximada sería 23.000 euros por AVAC, antes de considerar productividad, incertidumbre y efectos posteriores.
Este ejemplo no demuestra que contratar capacidad sea eficiente: muestra la estructura de la comparación. Los valores reales dependen mucho del proceso y de quién se beneficia de la reducción.
No toda reducción libera dinero
Evitar una consulta o una estancia puede liberar tiempo profesional o camas sin reducir el presupuesto. Esa capacidad tiene valor, pero no siempre es un ahorro de caja. Presenta por separado:
- Gasto efectivamente evitado.
- Capacidad asistencial liberada.
- Coste de ampliar o reorganizar la oferta.
También deben incluirse posibles efectos de demanda: al reducir tiempos pueden aparecer pacientes que antes no entraban en la lista o que recurrían a la atención privada.
Priorizar puede ser mejor que acelerar a todos
El daño marginal de esperar varía. Una demora puede ser relativamente estable para un proceso y crítica para otro. Analizar por especialidad, procedimiento, gravedad y duración ayuda a localizar dónde cada semana evitada genera más salud.
Esto exige cautela con la equidad. Un algoritmo de prioridad debe ser transparente, clínicamente defendible y revisable. La eficiencia económica aporta información, pero no sustituye los criterios de necesidad y garantía de acceso.
Incertidumbre y sesgos
Las personas con peor pronóstico suelen recibir prioridad, lo que puede crear confusión entre tiempo de espera y resultado. También puede haber pérdidas de seguimiento, cambios de proveedor y selección de pacientes. Métodos como emparejamiento, ajuste por riesgo o diseños cuasiexperimentales pueden mejorar la atribución.
Como mínimo, muestra escenarios para:
- Efecto de la espera sobre calidad de vida.
- Uso adicional de recursos.
- Coste de la capacidad.
- Proporción de capacidad liberada que realmente se reutiliza.
Cómo presentar el resultado
Una conclusión útil separa población, proceso y tramo temporal: «reducir 90 días la espera en el grupo X afectaría a N pacientes, requeriría Y euros, evitaría Z recursos y recuperaría un rango de AVAC». Un total nacional sin esa trazabilidad es difícil de convertir en política.
Fuentes y lectura recomendada
- Portal del Sistema de Información de Listas de Espera — Ministerio de Sanidad
- Real Decreto 605/2003 sobre información de listas de espera — BOE
- Real Decreto 1039/2011 sobre tiempos máximos de acceso — BOE
- Waiting Times for Health Services — OCDE
- Economic Benefits of Reduced Waiting Times: systematic review — PubMed
La información de este artículo es educativa. Cada política necesita evaluación clínica, organizativa, económica y de equidad.
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